05.26
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Pot de Vin rouge
· Uvas: Syrah.
· Región: Malepère, Languedoc, Francia.
· Temperatura: 14º a 15ºC.
· Guarda: ¡Tómalo ya!
· Autor/a: Sara.
· Disponible en: Exclusivo para miembros de Club Chidos. ¡Escríbenos si quieres más!

Si llevas tiempo en el Club, probablemente sepas que nuestra misión ha sido viajar por cada rincón de Europa para encontrar esas etiquetas que no solo saben bien, sino que tienen alma. El mundo del vino es inmenso y, a veces, abrumador, así que siempre nos preguntan: ¿por dónde empezamos a buscar? Para Noah y todo el equipo, la brújula siempre apunta hacia el mismo lugar: el respeto por la tierra.
Buscamos prácticas que se han vuelto el pilar de nuestra filosofía: agricultura orgánica, ecológica y biodinámica. Y fue precisamente bajo esa estrella que nos encontramos con una joya en el Languedoc: Chateau Guilhem.
La propiedad es imponente, con más de 250 hectáreas de tierra, de las cuales 35 son el corazón del proyecto: las viñas. Pero lo que hace latir a este lugar no es solo su tamaño, sino su historia, que arranca en 1791. Imagínense: el castillo original fue un regalo de un padre a su hijo, Edouard d’Auberjeon. Casi un siglo después, en 1878, Léon Pariot compró la propiedad y renovó la cueva (la bodega subterránea) y el Chateau, conservando esa fachada mística que vemos hasta hoy.
Fue su hijo Jacques quien tuvo la visión de plantar las variedades que hoy definen el carácter de la casa: Merlot, Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc y Malbec. Pero el verdadero cambio de era llegó en 2010, cuando el nieto de Jacques, Bertrand, decidió que el futuro sería verde o no sería, convirtiendo todos los viñedos en orgánicos certificados.
Bertrand es de esos productores que te vuelan la cabeza porque entienden que todo deja una huella. Él sabe que desde el corcho hasta el camión que reparte las cajas, hay una emisión de carbono. Por eso, en Chateau Guilhem no solo "no usan químicos", sino que protegen la vida.
Cuidan de 12 especies endémicas de murciélagos que funcionan como guardianes naturales contra mosquitos y saltamontes que enferman las vides. Han reforestado con especies locales para evitar la erosión y proteger las plantas de los vientos fuertes del sur de Francia. Incluso sus etiquetas son 100% veganas; en lugar de pegamentos de origen animal, usan proteína de patata. Además, todo el cartón y vidrio es reciclado y proviene de empresas a menos de 100 kilómetros. Es un circuito cerrado de amor al planeta.
La etiqueta tiene ese toque nostálgico que me fascina. Bertrand, limpiando cajas viejas y documentos en el Chateau, encontró un diseño que su abuelo Jacques había hecho en 1979 para una línea llamada Pot de Vin. Le gustó tanto esa estética retro-moderna que la recuperó.
¿Y el nombre? Es un guiño muy pícaro. La expresión pot-de-vin en francés significa literalmente un "soborno" (o "una mordida", como decimos aquí en México). La leyenda cuenta que en el siglo XVI, los mercaderes sobornaban a los guardias de la ciudad con una jarra (pot) de vino para que los dejaran pasar a vender sus productos. Hoy, por suerte, el único soborno es el que le haces a tu paladar para pasar una tarde increíble.
Si la añada 2021/2022 era equilibrada, la 2024 viene con una energía vibrante. Al ser un vino tan joven, la fruta es la protagonista absoluta. Es un blend donde la Merlot aporta esa textura sedosa y la Syrah le da el "punch" de carácter.
Mi recomendación personal: Es el vino perfecto para cuando el calor empieza a apretar. Si vas a estar al aire libre o cerca de una alberca, enfríalo un poco más de lo normal (unos 10-12°C). Te prometo que esa frescura delicada te va a resetear el día. ¡Espero que lo disfrutes tanto como yo!
Buscamos prácticas que se han vuelto el pilar de nuestra filosofía: agricultura orgánica, ecológica y biodinámica. Y fue precisamente bajo esa estrella que nos encontramos con una joya en el Languedoc: Chateau Guilhem.
La propiedad es imponente, con más de 250 hectáreas de tierra, de las cuales 35 son el corazón del proyecto: las viñas. Pero lo que hace latir a este lugar no es solo su tamaño, sino su historia, que arranca en 1791. Imagínense: el castillo original fue un regalo de un padre a su hijo, Edouard d’Auberjeon. Casi un siglo después, en 1878, Léon Pariot compró la propiedad y renovó la cueva (la bodega subterránea) y el Chateau, conservando esa fachada mística que vemos hasta hoy.
Fue su hijo Jacques quien tuvo la visión de plantar las variedades que hoy definen el carácter de la casa: Merlot, Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc y Malbec. Pero el verdadero cambio de era llegó en 2010, cuando el nieto de Jacques, Bertrand, decidió que el futuro sería verde o no sería, convirtiendo todos los viñedos en orgánicos certificados.
Bertrand es de esos productores que te vuelan la cabeza porque entienden que todo deja una huella. Él sabe que desde el corcho hasta el camión que reparte las cajas, hay una emisión de carbono. Por eso, en Chateau Guilhem no solo "no usan químicos", sino que protegen la vida.
Cuidan de 12 especies endémicas de murciélagos que funcionan como guardianes naturales contra mosquitos y saltamontes que enferman las vides. Han reforestado con especies locales para evitar la erosión y proteger las plantas de los vientos fuertes del sur de Francia. Incluso sus etiquetas son 100% veganas; en lugar de pegamentos de origen animal, usan proteína de patata. Además, todo el cartón y vidrio es reciclado y proviene de empresas a menos de 100 kilómetros. Es un circuito cerrado de amor al planeta.
La etiqueta tiene ese toque nostálgico que me fascina. Bertrand, limpiando cajas viejas y documentos en el Chateau, encontró un diseño que su abuelo Jacques había hecho en 1979 para una línea llamada Pot de Vin. Le gustó tanto esa estética retro-moderna que la recuperó.
¿Y el nombre? Es un guiño muy pícaro. La expresión pot-de-vin en francés significa literalmente un "soborno" (o "una mordida", como decimos aquí en México). La leyenda cuenta que en el siglo XVI, los mercaderes sobornaban a los guardias de la ciudad con una jarra (pot) de vino para que los dejaran pasar a vender sus productos. Hoy, por suerte, el único soborno es el que le haces a tu paladar para pasar una tarde increíble.
Si la añada 2021/2022 era equilibrada, la 2024 viene con una energía vibrante. Al ser un vino tan joven, la fruta es la protagonista absoluta. Es un blend donde la Merlot aporta esa textura sedosa y la Syrah le da el "punch" de carácter.
Mi recomendación personal: Es el vino perfecto para cuando el calor empieza a apretar. Si vas a estar al aire libre o cerca de una alberca, enfríalo un poco más de lo normal (unos 10-12°C). Te prometo que esa frescura delicada te va a resetear el día. ¡Espero que lo disfrutes tanto como yo!
Lo recomendamos tomar:
1. En una self date con spa en casa y mascarillas refrescantes.
2. Comiendo una ensalada de arúgula, sandía, menta y queso feta.
3. Escuchando la playlist Pop francophone en Spotify.
1. En una self date con spa en casa y mascarillas refrescantes.
2. Comiendo una ensalada de arúgula, sandía, menta y queso feta.
3. Escuchando la playlist Pop francophone en Spotify.
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L'enfant de Thau Terret-Bourret
· Uvas: Terret-Bourret.
· Región:
IGP Côtes de Thau, Francia.
· Temperatura:
10° a 13°C.
· Guarda: Hasta 5 años.
· Autor/a: Andrea.
· Disponible en: Exclusivo para miembros de Club Chidos. ¡Escríbenos si quieres más!

Te prometo que no exagero, pero ya dije muchas veces ¡wooow! Y es que hay vinos que simplemente te gustan, y luego están esos que te hacen sentir algo. Para mí, este es de esos. Mi emoción es porque pocas veces una botella me ha contado una historia tan bonita. Lo tiene todo: tradición, cuidado del ecosistema y uvas casi extintas como los dinosaurios que vivían ahí. Ajá, dinosaurios 🦖.
Como sabes, Noah siempre está en búsqueda de bodegas que hacen las cosas con intención, con respeto y con amor por su origen. Sí, es “una chamba”, pero también es lo que lo ha llevado a conocer personas chidas, como Martín de Domaine de Cambis, quien en una de sus pláticas le recomendó conocer Mas Saint-Laurent… y wow, qué regalo.
En otra nota de cata ya te conté un poquito, pero como refresh, estamos hablando de una bodega con más de cien años de historia. Aquí la tradición no es un concepto bonito para la etiqueta: son cinco generaciones de una misma familia trabajando la misma tierra, cuidando las mismas vides, entendiendo el mismo suelo y aprendiendo de sus ciclos. Todo lo que hacen está conectado a ese conocimiento heredado.
Una de las cosas más bonitas es cómo han creado un ecosistema en equilibrio: viñedos, olivos y colmenas conviven en el mismo espacio. Practican viticultura de siembra directa y dejan que plantas silvestres crezcan entre las vides. Aquí no se trata de controlar todo, sino de observar, acompañar y confiar en que el vino también sabe su camino.
Y luego está su ubicación, que es otra cosa muy wow. Se encuentran en la región de Languedoc, muy cerquita de la laguna de Thau. Imagina el sol del Mediterráneo, el viento constante y esa brisa salina que mantiene las vides sanas… para mí suena como un lugar que literalmente apapacha a la tierra. Aquí los suelos calcáreos son ricos en minerales y obligan a las raíces a profundizar para encontrar agua. Esa “lucha” natural es la que da como resultado vinos frescos con una acidez muy vibrante. Y un dato que no va a dejar de sorprenderme: en esta zona aún se encuentran cáscaras de huevos de dinosaurio del Cretácico Superior. 🤯
La uva protagonista aquí es Terret-Bourret, una variedad que ha sobrevivido por siglos; superó la crisis de la filoxera y modas que la fueron dejando atrás hasta casi desaparecer. Hay algo muy romántico en eso… porque este vino, en el fondo, es una decisión consciente de cuidar lo que otros olvidaron.
Si no lo has probado, este es el momento de servirte una copa y descubrir un pedacito de toda esta historia. Lo que más disfruté fue ese toque cítrico, la acidez, las notas herbales suaves y esa mineralidad que se siente como una brisa marina. Ojalá lo disfrutes tanto como yo. Es de esos vinos que te invitan a detenerte, oler otra vez, probar otra vez… y volver a decir “wow”.
Lo recomendamos tomar:
1. Un día de alberca o playa.
2. Comiendo un aguachile.
3. Viendo Little Miss Sunshine en Disney Plus.
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1. Un día de alberca o playa.
2. Comiendo un aguachile.
3. Viendo Little Miss Sunshine en Disney Plus.
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Château Guilhem Vignes du Levant Rouge
· Uvas:
Cabernet Franc, Malbec, Merlot, Cabernet Sauvignon.
· Región: Languedoc, Francia.
· Temperatura: 16º a 18º C.
· Guarda: Hasta 3 años.
· Autor/a: Mar.
· Disponible en: Exclusivo para miembros de Club Chidos. ¡Escríbenos si quieres más!

Siempre me emociona darle la bienvenida a una nueva bodega, y más cuando no solo somos los primeros en Vinos Chidos en probarla, ¡sino en todo México!
Acá nos tomamos muy en serio la tarea de encontrar proyectos que se alineen con lo que hemos construido durante estos seis años: vinos con identidad, que respeten el terroir que les dio vida. No por nada, cada año Noah se lanza a tierras francesas en busca de esos tesoros escondidos entre las laderas calizas de Languedoc-Rosellón.
Para que esta botella llegara a nuestras manos, cinco generaciones de la familia Guilhem han trabajado en preservar su patrimonio y sus tradiciones, algo que se percibe en cada copa. Este blend de Cabernet Franc, Malbec, Merlot y Cabernet Sauvignon es una fórmula maestra que la bodega definió hace más de 50 años, y no le han movido nada. ¿Por qué? Pues, digamos que no puedes confiar en una sola uva todos los años y los Guilhem lo saben: aquí cada variedad sostiene a las demás.
Cada una de ellas tiene su papel en este vino; lo que tienen en común es su origen bordelés. Malepère y Burdeos comparten una franja del sur francés con la misma influencia atlántica, un clima que permite que cada uva se exprese de forma distinta:
- Merlot: aporta suavidad y fruta gracias a su maduración temprana.
- Cabernet Franc: desarrolla notas herbales y acidez en climas más frescos.
- Cabernet Sauvignon: es una uva intensa que da estructura y necesita más tiempo para madurar. Puede volverse pesada si hace demasiado calor, pero en un clima templado madura más lento, logrando esa elegancia.
- Malbec: naturalmente frutal y expresiva; en climas cálidos puede caer en la sobremadurez (tipo mermelada), pero aquí mantiene su jugosidad sin volverse excesiva.
Si me preguntas, yo lo serviría apenas fresco, alrededor de 16–18°C. Es el punto de equilibrio perfecto donde la fruta se luce y los taninos están presentes, pero son suaves y precisos. Obvio, si decides guardarlo, que sea con intención… pero no lo dejes esperando demasiado; quizá ese momento especial es ahora.
Lo recomendamos tomar:
1. Celebrando el cumpleaños de tu persona favorita.
2. Comiendo fetuccini con ternera en salsa de tomate.
3. Escuchando el álbum Nuevos Aires de Girl Ultra.
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1. Celebrando el cumpleaños de tu persona favorita.
2. Comiendo fetuccini con ternera en salsa de tomate.
3. Escuchando el álbum Nuevos Aires de Girl Ultra.
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La Metairie des Barjot Blanc
· Uvas:
Chenin Blanc.
· Región: Valle de Loira, Francia.
· Temperatura: 08 a 10° C.
· Guarda: Hasta 4 años, ¡pero tómalo ya!
· Autor/a: Eli.
· Disponible en: Exclusivo para miembros de Club Chidos. ¡Escríbenos si quieres más!

Hay vinos que buscan imponerse desde la primera impresión y hay otros que conquistan con personalidad. La Métairie des Barjots pertenece claramente al segundo grupo. Desde la etiqueta transmite ligereza, humor y una vibra relajada, pero detrás de esa imagen hay una botella con mucha más profundidad de la que aparenta. Es de esos vinos que entran fácil a la mesa, pero se quedan en la memoria.
Todo empieza con la uva. La Chenin Blanc es una de las variedades más importantes del Valle del Loira y, al mismo tiempo, una de las más subestimadas fuera del mundo del vino. No siempre es la más famosa, pero sí suele ser de las más respetadas por sommeliers y expertos porque tiene algo poco común: versatilidad real. Con ella se elaboran desde espumosos y vinos secos tensos, hasta versiones dulces memorables y etiquetas capaces de envejecer durante años.
Lo fascinante de la Chenin Blanc es cómo cambia según el lugar donde crece. En climas frescos desarrolla una acidez vibrante que le da energía natural al vino, pero también conserva textura, amplitud y profundidad. Es decir: refresca, pero también abraza. Puede recordar a la manzana amarilla, pera, membrillo, flores blancas, miel suave o incluso piedra mojada. No muchas uvas tienen ese rango.
Este vino nace en Chinon, una zona del Loira conocida principalmente por sus tintos de Cabernet Franc. Por eso, encontrar aquí un Chenin Blanc tiene algo especial: es como descubrir al integrante más interesante del grupo que no necesitaba llamar la atención para destacar.
Domaine La Marinière trabaja desde una visión más honesta que aparatosa. En vez de maquillar el vino, permite que la fruta, la frescura y el origen hablen por sí solos. Se siente una filosofía de equilibrio: nada sobra, nada pesa y nada busca impresionar a la fuerza. En una época donde muchos vinos quieren impactar rápido, este prefiere gustar de verdad.
También el nombre suma encanto. “Barjots” en francés puede referirse a personajes excéntricos, medio locos o deliciosamente raros. Y le queda perfecto: una botella con carácter, divertida por fuera y seria por dentro. En copa aparecen notas a frutos tropicales, flores blancas, ralladura de limón y un fondo mineral limpio. Con unos minutos se abren guiños de miel ligera y fruta más redonda. El final es preciso, refrescante y peligrosamente tomable.
Es un blanco con estilo propio: suficientemente interesante para clavarte en él, pero suficientemente fácil para solo disfrutarlo. No todos los vinos elegantes necesitan verse serios.
Todo empieza con la uva. La Chenin Blanc es una de las variedades más importantes del Valle del Loira y, al mismo tiempo, una de las más subestimadas fuera del mundo del vino. No siempre es la más famosa, pero sí suele ser de las más respetadas por sommeliers y expertos porque tiene algo poco común: versatilidad real. Con ella se elaboran desde espumosos y vinos secos tensos, hasta versiones dulces memorables y etiquetas capaces de envejecer durante años.
Lo fascinante de la Chenin Blanc es cómo cambia según el lugar donde crece. En climas frescos desarrolla una acidez vibrante que le da energía natural al vino, pero también conserva textura, amplitud y profundidad. Es decir: refresca, pero también abraza. Puede recordar a la manzana amarilla, pera, membrillo, flores blancas, miel suave o incluso piedra mojada. No muchas uvas tienen ese rango.
Este vino nace en Chinon, una zona del Loira conocida principalmente por sus tintos de Cabernet Franc. Por eso, encontrar aquí un Chenin Blanc tiene algo especial: es como descubrir al integrante más interesante del grupo que no necesitaba llamar la atención para destacar.
Domaine La Marinière trabaja desde una visión más honesta que aparatosa. En vez de maquillar el vino, permite que la fruta, la frescura y el origen hablen por sí solos. Se siente una filosofía de equilibrio: nada sobra, nada pesa y nada busca impresionar a la fuerza. En una época donde muchos vinos quieren impactar rápido, este prefiere gustar de verdad.
También el nombre suma encanto. “Barjots” en francés puede referirse a personajes excéntricos, medio locos o deliciosamente raros. Y le queda perfecto: una botella con carácter, divertida por fuera y seria por dentro. En copa aparecen notas a frutos tropicales, flores blancas, ralladura de limón y un fondo mineral limpio. Con unos minutos se abren guiños de miel ligera y fruta más redonda. El final es preciso, refrescante y peligrosamente tomable.
Es un blanco con estilo propio: suficientemente interesante para clavarte en él, pero suficientemente fácil para solo disfrutarlo. No todos los vinos elegantes necesitan verse serios.
Lo recomendamos tomar:
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1. En una comida larga entre amigos que empezó casual y terminó siendo planazo.
2. Comiendo queso de cabra, mariscos, pollo rostizado, pescados blancos o papas fritas muy buenas.
3. Viendo Moon Safari de Air o una película francesa bonita que se vea increíble.
2. Comiendo queso de cabra, mariscos, pollo rostizado, pescados blancos o papas fritas muy buenas.
3. Viendo Moon Safari de Air o una película francesa bonita que se vea increíble.
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Flatbread de Champiñones, Tomillo y Parmesano
(plato fuerte)
(plato fuerte)
Esta receta marida con tu Pot de Vin rouge.
Ingredientes:
- 1 pan pita grande o base para pizza delgada
- 250g de champiñones o setas fileteadas
- 1/2 taza de queso parmesano rallado (o queso manchego curado)
- 1 diente de ajo finamente picado
- Tomillo fresco (o seco)
- Aceite de oliva
- Un puñado de arúgula fresca para terminar
- 1 pan pita grande o base para pizza delgada
- 250g de champiñones o setas fileteadas
- 1/2 taza de queso parmesano rallado (o queso manchego curado)
- 1 diente de ajo finamente picado
- Tomillo fresco (o seco)
- Aceite de oliva
- Un puñado de arúgula fresca para terminar
PROCEDIMIENTO:
1. Precalienta el horno a 200°C. En una sartén con un poco de aceite de oliva, saltea los champiñones con el ajo picado hasta que doren y hayan soltado su humedad. Sazona con sal y pimienta.
2. Coloca la base de pan sobre una charola para horno. Extiende una capa ligera de aceite de oliva y espolvorea la mitad del queso.
3. Distribuye los champiñones salteados por toda la superficie y añade el tomillo fresco. Cubre con el resto del queso.
4. Hornea por 8-10 minutos o hasta que los bordes del pan estén dorados y el queso se haya fundido por completo.
5. Al salir del horno, corona con la arúgula fresca. El toque terroso de los champiñones y la estructura del queso son el puente perfecto para la Merlot y la Syrah de este vino.